POESÍA A TACUAREMBÓ
Silvia Puentes de Oyenart

Es pequeño mi pueblo
y oscura su cintura
una gran avenida mece el sueño
y un Cerro propietario lo enamora
para vibrar en ritmo legendario.

Un tapiz de violetas es su falda
cuando al jacarandá
le florecen entrañas.

El sandú, pequeñito,
moja sus pies calmos
y el Gran Tacuarembó
corre en las toscas
para dejar sus piruetas en el agua.

Se desangra la tarde entre las sombras
y escapa de la fuente compartida
la celeste timidez del campanario.

En la plaza, tranquila de nostalgias
dibuja la espumita sus amores
y la iglesia marca el centro
cuya cruz es cómplice nocturno,
que escoge su velamen con los pájaros.

Amamanta la laguna mil historias
de seres y carretas que pasaron,
se descubren las grutas luminosas
y estalla Valle Edén incomparable.

En tus barrios,
en tu sol,
en tu trasfondo
el hombre a Dios descubre
y canta en el arado.

Y eso es acá,
al norte de mi Patria chica
donde es Tacuarembó el que me nace
y corre dividido con mi sangre.

PAGOS DE TACUAREMBÓ

“Hay un lugar que hace tiempo
muy lejos se me quedó
de las manos y los ojos,
pagos de Tacuarembó...

Baldios y terraplenes,
alamedas, que sé yo,
cuantos caminos y calles
anduve en Tacuarembó...

No me duele la nostalgia,
no se me enreda la voz
cuando apelo a la memoria,
pagos de Tacuarembó...

‘La pucha que tra’ilusiones
el tiempo’ – Fierro cantó –
aunque el alma es la misma,
también he cambiado yo...
Amores, tentenelaire,
pura sombra, poca flor,
de lejos todo se vuelve
más hondo, limpio y mejor...

Mate amargo compañero
de montes, rios y sol,
incendio de amaneceres,
también he cambiado yo...

No me duele la nostalgia,
no se me enreda la voz
cuando apelo a la memoria,
pagos de Tacuarembó...
 

Walter Ortiz y Ayala

EL SUR TAMBIÉN EXISTE

Mario Benedetti

Con su ritual de acero
sus grandes chimeneas
sus sabios clandestinos
su canto de sirenas
sus cielos de neón
sus ventas navideñas
su culto de dios padre
y de las charreteras
con sus llaves del reino
el norte es el que ordena
pero aquí abajo abajo
el hambre disponible
recurre al fruto amargo
de lo que otros deciden
mientras el tiempo pasa
y pasan los desfiles
y se hacen otras cosas
que el norte no prohibe
con su esperanza dura
el sur también existe
con sus predicadores
sus gases que envenenan
su escuela de chicago
sus dueños de la tierra
con sus trapos de lujo
y su pobre osamenta
sus defensas gastadas
sus gastos de defensa
con sus gesta invasora
el norte es el que ordena
pero aquí abajo abajo
cada uno en su escondite
hay hombres y mujeres
que saben a qué asirse
aprovechando el sol
y también los eclipses
apartando lo inútil
y usando lo que sirve
con su fe veterana
el Sur también existe
con su corno francés
y su academia sueca
su salsa americana
y sus llaves inglesas
con todos su misiles
y sus enciclopedias
su guerra de galaxias
y su saña opulenta
con todos sus laureles
el norte es el que ordena
pero aquí abajo abajo
cerca de las raíces
es donde la memoria
ningún recuerdo omite
y hay quienes se desmueren
y hay quienes se desviven
y así entre todos logran
lo que era un imposible
que todo el mundo sepa
que el Sur también existe

DEFENSA DEL CANTOR
Washington Benavides - Carlos Benavides
1973


“Desde una jaula brota un cantar,
es un jilguero, quiere volar.”

Duraznero y cinacina
señalan la población;
comisaría y panteón,
cercos de piedra y neblina,
la población de Curtina,
la plaza con bienteví,
la canchita del gurí,
pocas paredes y muros,
muchos terrones oscuros;
el cantor vino de allí.

“Este pajarillo no es para adornar
a ninguna jaula, sino pa’ volar.”

Curtina o Tacuarembó,
médanos de San Gregorio,
en la pena o el jolgorio
aquel muchacho cantó;
y en su guitarra voló,
yo no sé de qué manera,
pajarito de madera
con sonoridad de mirlo,
nadie podrá repetirlo,
la invención más pura era.

“De qué lo acusan, díganselo,
pues culpa alguna nunca existió.”

Con la guitarra en la mano,
en este tiempo arbitrario,
fue el muchacho solidario,
poniendo el hombro de hermano,
con el obrero, el paisano,
en el campo y la ciudad,
y peleó a la iniquidad
del dueño de la comarca,
marcó a fuego al oligarca,
clamó por la libertad.

“Este pajarillo pide libertad,
escuchen su canto, no lo hagan llorar.”

La luz volverá, no importa
la larga noche, vendrá
como un canto de xabiá
y la espera será corta;
el fuego que más conforta,
el de los libres e iguales,
la larga noche de males
cambiará en luz meridiana,
tierra purpúrea, mañana,
serás de los orientales.
 

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