MI TIERRA EN ENVIERNO

Alfredo Zitarrosa

Pobre mi tierra querida
tan rigoreada en invierno
cuando el sol se pone enfermo
y parece que la olvida.
Siembra el paisano la vida
plantando trigos tempranos
y aunque el caballo esté sano
lo cuida de la garganta
que aunque el caballo no canta
lo ha de tener siempre a mano.

Pobre mi tierra querida
parece que en estos años
el invierno hace más daño
que en épocas preteridas;
será exceso de fatigas
serán vientos de frontera
dicen que la Cordillera
deja pasar malos vientos
que un maremoto de intento
le ha bajado la cimera.

Buena mi tierra querida
le hace lugar a cualquiera
del vacuno a la crucera
del trigo limpio a la ortiga
y no hace falta que diga
que, cuando hay inundación
el alacrán, el ratón
-bichos que no lo merecen-
hallan que ella le ofrece
hasta el último albardón.

Sabe mi tierra querida
que no precisa hacer cuentas:
cuando se arma la tormenta
ya la tiene presentida.
Secará al sol las heridas
que hayan podido dolerle
porque llegado setiembre
será tiempo de castrar
de marcar y descolar
se trilla el trigo en diciembre.

Pobre mi tierra querida
tan rigoreada en agosto
pero igual dará calostro
la vaca recién parida
hay que vigilar la hormiga
que hace pirva en campo llano
porque el invierno al secano
lo ha vuelto tierra jugosa
y porque todas las cosas
cambiarán con el verano.


(La puntuación, la versificación y la ortografía son de Alfredo Zitarrosa)

PUEBLO

Luis Sanguinet Cabral

Trinidad: la niebla del atardecer brota en el llano
y se prende al letargo de esta tarde de hielo
bajo su cielo gris.

Un camino pelado
trepa la cuesta,
se va arrimando a las primeras casas
y brota un humo lento de los ranchos.

Se anuncia el manicero en su silbido
que horada el frío de la tarde opaca;
el son de una campana repercute
y atraviesa el silencio, hacia los campos...

La ciudad se agazapa y se adormece
bajo la noche oscura, fría y baja.

 

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