EL INDIO


Venía
no se sabe de dónde.
Usaba vincha como el benteveo,
y penacho como el cardenal.
Si no sabía de patrias sabía de querencias.
Lo encontró el español establecido:
pescador en los ríos, cazador en los bosques,
bravío en todas partes y cerrándole el paso
con arreos de guerra, vivo o muerto;
siempre como un estorbo, siempre como una cuña
entre él y el horizonte.


Modelado en barro de rebeldías,
pasa como una sombra, desnudo y ágil,
por los senderos ásperos de la Leyenda.
Esbelto, musculoso, retobado en hastío,
entre el cobre y el rojo estaba su color;
una señal de guerra le hacía punta a su instinto
y entonces, por sus venas
en vez de correr sangre, corría sol.


Estético instintivo
se ponía en el rostro los más vivos colores,
y en la cabeza plumas, como las aves bellas;
si el exceso de adornos no lo hacía más indio
cuanto más se adornaba se sentía más hombre.


Señor de la comarca,
por un pleito de caza con la tribu vecina
blandía su coraje afilado en el viento;
como los troncos de la flora indígena
era dulce por fuera y era duro por dentro;
su única dulzura temblaba en su lenguaje,
como en las ramas de la flora india
tiemblan las pitangas.


Vadeaba los arroyos en canoas;
entraba a las querencias de las fieras
o ambulaba durante varias lunas
en una aspiración horizontal
-curtido de intemperie,
rojo de sol o húmedo de tormentas-
en los días rayados de chicharras
o en las noches tubianas de relámpagos.


La conquista española enderezó sus rumbos:
y las tribus que erraban por rutas diferentes
se ataron en un haz, alrededor de un jefe,
para rodar a un tiempo como las boleadoras.
No sabía reír ni sabía llorar;
bramaba en la pelea como los pumas
y moría sin ruido, cuando mucho
con un temblor de plumas, como mueren los pájaros.



FERNAN SILVA VALDEZ
Poeta nativista uruguayo 1887 - 1975

POEMA AL RIO YI

Osiris Rodríguez Castillo



El río, rumbo que canta,
Fue mi maestro primero;
Junto a su espejo viajero
Creció indígena mi planta
Él me puso en la garganta
Las voces elementales,
Cuando en tardes estivales
Pasaba verde su canto,
Como un torrente del llanto
Vertido por los sauzales.

Azul de noches serenas,
Penas de cielos nublados,
Cantos, de cantos rodados
Rodando por sus arenas;
Ternuras dichas apenas,
Rebeldías desbordadas,
Súbitas luces robadas
A los cielos invernales,
Cual si temblaran puñales
En sus entrañas heladas!

También yo, temblaba un rayo;
Con avaricia febril,
Juntaba estrellas de abril
Para los versos de mayo.
Miré pasar, de soslayo,
Mis colores alboreros;
Buscaba los verdaderos
Acordes del sentimiento,

Y ambicionaba el arrullo
Milenario de mi río,
Para hacer el viaje mío
Con la música del suyo;
Cierta noche, en que un cocuyo
Pitaba en su palidez
Alcé mi canto y tal vez
Por orgullo, o por halago,
Me puso el cielo del pago
Con estrellas a los pies.

Y crucé por su picada
Milagrosa de reflejos,
Y él me ascendió cantos viejos
Por la sangre iluminada;
Limpia luna, cincelada
por su peregrinación,
Cuajó el primer medallón
De mi rastra; y ya en la orilla,
Me encendió la maravilla
Del lucero en el talón!

Destino dulce, y amargo,
De rumoroso sendero,
Salí armado, caballero
Del canto y del viejo largo;
He dejado, sin embargo,
Tan honda raíz en él,
Que aún soy sobre el tiempo, aquel
Muchacho del mojarrero.



 

COMO YO LO SIENTO -
Osiris Rodríguez Castillo

No venga a tasarme el campo
con ojos de forastero,
porque no es como aparenta,
sino como yo lo siento.

Yo soy cardo de estos llanos,
totoral de esos esteros,
apinda de aquellos montes,
piedra mora de mis cerros
y no va a creer si le digo,
que hace poco lo comprendo.

Debajo d'este arbolito
suelo amarguiar en silencio
si habré lavao cebaduras
pa' intimar y conocerlo.

No da leña ni pa' un frío,
no da flor ni pa' remedio,
y es un pañuelo de luto
la sombra en que me guarezco,
no tiene un pájaro amigo,
pero pa' mí es compañero.

Pa' que mentar, velay,
velay si se esta cayendo,
la han regoriado los agostos
de una ponchada de inviernos.

La vi quedarse vacía,
la vi poblarse 'e recuerdos,
solo por no abandonarme
le hace pat'ancha a los vientos,
y con goteras de luna
viene a estrellar mis recuerdos.

Mi campo conserva cosas
guardadas en su silencio,
que yo gané campo afuera,
que yo perdí tiempo adentro.

No venga a tasarme el campo
con ojos de forastero,
porque no es como aparenta,
sino como yo lo siento.
Su cinto no tiene plata
Ni pa' pagar mis recuerdos.

 

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