LA CANCION Y EL POEMA

Alfredo Zitarrosa

Hoy que el tiempo ya pasó,
hoy que ya pasó la vida,
hoy que me río si pienso,
hoy que olvidé aquellos días,
no sé por qué me despierto
algunas noches vacías
oyendo una voz que canta
y que, tal vez, es la mía.

Quisiera morir -ahora- de amor,
para que supieras
cómo y cuánto te quería,
quisiera morir, quisiera? de amor,
para que supieras?

Algunas noches de paz,
-si es que las hay todavía-
pasando como sin mí
por esas calles vacías,
entre la sombra acechante
y un triste olor de glicinas,
escucho una voz que canta
y que, tal vez, es la mía.

Quisiera morir -ahora- de amor,
para que supieras
cómo y cuánto te quería;
quisiera morir, quisiera? de amor,
para que supieras?

COLONIA DEL SACRAMENTO

Estanislao Newbery

El sol cae en el horizonte,
allá justito donde estaría Buenos Aires
se pierde en silenciosa soledad.
El Río de la Plata está calmo
y refleja como espejo
los mil y un colores pintados en el cielo
por la mano calma de Dios.
Alguna que otra nube vestida
con los matices más vivos de la tarde
en mil y un tonos bien distintos
transforman y alegran el paisaje.
En la costanera los botjias juegan
a la mancha, al fútbol, a la escondida,
o bajan veloces en sus bicis a las playas
para competir entre ellos
a ver quién tira la piedra más lejos
o hacen más sapos, o patitos, lo mismo da.
En la escollera algunos pescan
siempre siempre bien acompañados,
de grandes amigos o hermosas mujeres,
de perros solitarios o niños preguntones…
Se cambian las historias, las hazañas y comparten
sus sonrisas, sus penas, su pesca y el mate.
Su gente es romántica y buena,
sus callejas viejas guardan muchas historias,
algunas preciosas, algunas oscuras,
algunas que bueno… es mejor olvidar.
Su faro orgulloso ha resistido al tiempo,
a la adversidad, a las guerras y a todo
desde siempre ilumina y guía
a todo el que quiera encontrar su orilla.
Ciudad hermosa. llena de luz, de paz y de amor…
No hay en el mundo más hermoso puerto
que mi dulce Colonia, Colonia del Sacramento.

EL GRITO DE MAYO

Joaquín Lenzina ("Ansina")

Desde el Cabildo abierto del ocho,
Que sacudió a Montevideo,
El corazón patriota, como corcho,
Flotó en constante regodeo...

¡Los vientos contrarios a España
Dieron lugar a nuestra Junta,
Y el presentimiento que a nadie engaña,
Nos dijo que no estaríamos juntas!

¿Por qué no podríamos vivir
Nuestra propia vida independiente,
Amando y respetando sin sufrir
Los agravios de cualquier insolente?

¿Acaso ofende el hijo a sus padres
Cuando establece su propio hogar?
¿No fue el Creador quien bendijo
El matrimonio en santo lugar?

Aunque amamos a la madre España
Y aunque siempre la hemos defendido,
Sentimos una voz en nuestras entrañas
Que habla como es debido:

¡Pueblos todos del Nuevo Mundo!
¡Ha llegado la hora propicia,
que traerá la paz y la justicia!"

Con esa voz de la conciencia,
Nuestras almas vibraron de contento,
Fue con sabiduría y prudencia,
Como organizamos el concierto...

De un extremo al otro del Plata,
Con el silencio de la levadura,
Llenamos el alma tan grata
De ideales que algunos creyeron locura.

Llegó finalmente el gran día:
El veinticinco de mayo del diez.
¡El grito vibró a porfía,
Sorprendiendo al español y al inglés!

En la Colonia del Sacramento,
Artigas aguardó con paciencia,
Durante muchos días de tormento,
¡La hora de la Oriental Provincia!





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