LA LEYENDA DE CERRO LARGO

En mi pago hay una sierra.......
en mi pago hay una sierra que no es sierra sin embargo....
sino que es un Cerro Largo que le da nombre a mi tierra.
Cuentan que su historia encierra una leyenda de amor..
de india con español, y un coraje que lo enfrenta,
que pelea, muere sin queja, de frente al conquistador.

Era una tribu salvaje que alli tenia su querencia
que amaba la independencia que le daba su coraje.
En medio de aquel indiaje una indiecita vivia,
linda, valiente, bravìa, dulce como lechiguana,
una virgen arachana, con calor, de mediodia.

La india se enamoro.....
la india se enamoro, su inocencia de torcaza.....
se encandilo en la coraza de un oficial español.
Y de un lanzasomurio del cacique enfurecido
porque amaba a un enemigo, de su raza y de su gente...
la tierra, gimio doliente, al ver su cuerpo caìdo.

Hoy sigue tendida alli, sumida en hondo letargo
su cuerpo es el Cerro Largo, su pecho el Nacunaumbì.
Por eso la quiero asi, porque es salvaje y es tierna,
porque ella su historia encierra, puro coraje y bravura
pura inocencia y dulzura, virgen india de mi tierra.......

RAIZ SALVAJE
Juana de Ibarbourou


Me ha quedado clavada en los ojos
la visión de ese carro de trigo
que cruzó rechinante y pesado
sembrando de espigas el recto camino.

¡No pretendas ahora que ría!
¡Tu no sabes en qué hondos recuerdos
estoy abstraida!

Desde el fondo del alma me sube
un sabor de pitanga a los labios.
Tiene aún mi epidermis morena
no sé que fragancias de trigo emparvado.

¡Ay, quisiera llevarte conmigo
a dormir una noche en el campo
y en tus brazos pasar hasta el día
bajo el techo alocado de un árbol!

Soy la misma muchacha salvaje
que hace años trajiste a tu lado.

LA HIGUERA

Juana de Ibarbourou

Porque es áspera y fea,
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.

En mi quinta hay cien árboles bellos:
ciruelos redondos,
limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.

En las primaveras,
todos ellos se cubren de flores
en torno a la higuera.

Y la pobre parece tan triste
con sus gajos torcidos que nunca
de apretados capullos se visten...

Por eso,
cada verz que yo paso a su lado,
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:
-Es la higuera el más bello
de los árboles en el huerto.

Si ella escucha,
si comprende el idioma en que hablo,
¡qué dulzura tan honda hará nido
en su alma sensible de árbol!

Y tal vez a la noche,
cuando el viento abanique su copa,
embriagada de gozo, le cuente:
-Hoy a mi me dijeron hermosa







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