Hatillo 

"Capital de la Industria Lechera" - "Hatillo del Corazón de Riego"- Tierra de Campos Verdes - "Pueblo sin Sopa"-"Los Ganaderos"

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HIMNO

De un mar azul en el Atlántico
De verdes campos a todo largo
Olas plateadas jugando en blanco
Es este pueblo, pueblo afamado.

Con tradiciones de gran legado
De ilustres hombres muy aclamados
Poetas libres y literarios
Que son orgullos del proletario.

Máscaras típicas de Islas Canarias
Como es el Truco también traído
Y en los deportes reconocidos
Esos son frutos bien cosechados.

Lolen Coballes, P.H. Hernández
Felipe y Cosme de Ios Aranas
y con Don Lalo, bellos paisajes
Fueron pintados por Don Oscar.

Piedra del Hombre de Pedro Pablo
La cuesta vieja; la del Guamá
Son pintorescos de su inventario
Pueblo de Hatillo, pueblo afamado.

 

Charlie Aguilar,

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OJOS ASTRALES

José P.H. Hernández

Si Dios un día
cegara toda fuente de luz,
el universo se alumbraría
con esos ojos que tienes tú.
Pero si -lleno de agrios enojos
por tal blasfemia- tus lindos ojos
Dios te arrancase,
para que el mundo con la alborada
de tu pupila no se alumbrase;
aunque quisiera, Dios no podría
tender la Noche sobre la Nada....
Porque aún el mundo se alumbraría
¡con el recuerdo de tu mirada

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Regreso del jíbaro

Felipe N. Arana

I

¡Tierra del morador de la montaña
que la avaricia sedujera un día,
y desahuciando al ñame y la yautía
cerró el atrecho y te sembró de caña!

¡Tierra que profanó la telaraña
que traza el “Caterpillar”! ¡Tierra mía!
¡Tierra-Cristo, que el déspota exprimía
para extraer riquezas de tu entraña!

¡Tierra del panapén, tierra del guano,
volverás a sentir la noble mano
del campesino montaraz y adusto

devolviendo caricias por tus mieses
y lograrás estar. como otras veces,
llena de amor, y parirás a gusto!

II

¡Tierra del abra honda y la maleza,
tierra del batatal y del repecho,
ofrece la tibieza de tu pecho
al jíbaro exilado que regresa!

¡Vuelve a llevar verduras a su mesa
que a ese preciado bien tiene derecho,
y pronto vas a oír, en tu provecho,
las coplas que disipen tu tristeza!

Ya el boricua dejó de ser esclavo
del oprobioso y pertinaz centavo.
Hará que todo el mundo te respete,

al extremo, que si te ve ultrajada,
echando a un lado la prudente azada,
defenderá tu honor con el machete.

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