aibonito

Aibonito 

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"El Jardín de Puerto Rico", "La Ciudad Fria", " La Suiza de Puerto Rico"

Aibonito, Aibonito, Aibonito
donde vieron mis ojos la luz
son tus flores las flores más bellas
y tu cielo más puro y azul

Te recuerdo con mucho cariño
nunca, nunca te podré olvidar
Aibonito, Aibonito, Aibonito
eres tú mi pueblito ideal.

Aibonito mi pueblo querido
donde todo es belleza y bondad,
recordando tus lindos paisajes
me embarga la felicidad.

Dios Bendiga mi pueblo tan lindo
Aibonito, mi pueblo natal
tu belleza es incomparable
y tu clima que no hay otro igual.

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Limo en mi piel
José Colón Ruiz

Siento limo en mi piel
cuando me acuerdo de tí.
Veo las amapolas llorando,
como las sombras que mueren
y que nunca vuelven a nacer.
Alzo vuelo con las olas,
y con la lluvia del mar.
Y cojo odio de la palabra
que no quería escribir.
Canto al alma de las noches
y al verbo que me hizo sufrir.
Y no quisiera jugar con las sombras
para que no me vean llorar.
¡Que de las heridas del tiempo
nadie se puede safar!

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AL GUARAGUAO

José de Diego

Guaraguao, que giras en círculos negros de hondas espirales.
Guaraguao largo y obscuro,
guaraguao largo y obscuro de garras de corvos puñales,
y pico azuloso y duro de sierra,
guaraguao largo y obscuro de alas imperiales...

¡Guarda en el pecho potente tu instinto de guerra
y el rayo de la ira en tus ojos fatales,
que tú eres lo único que puede curar nuestros males
lo único agresivo y fiero que tiene nuestra pobre tierra!

Asalta y destruye los nidos del monte:
Cubran tus ecos triunfales
las líricas quejas del manso sinsonte
y tus alas de luto las tumbas de los ideales.

Tú sólo eres fuerte
en estos días infaustos del miedo y el oro,
del miedo y el oro tan lívidos como la muerte.

El trino sonoro
ha muerto en el bosque latino.
Ha muerto la negra bravura en el circo y el foro...
El tribuno pide su salario. El loro
su comida en la jaula. Paciente y cansino
no embiste en la lidia, arrastrando su coyunda el toro...

Cada cual busca su yugo y su parva.
El épico gallo, el gallo divino,
pica al insecto saltante del polvo que escarda
y en el corral sólo erige las corneas espuelas,
que es ya su destino
morir, no en la lucha, sino en las cazuelas.

A lo largo de nuestro camino,
como los murciélagos muerden en los árboles muerde a los corazones
muerde la envidia a las almas, 
los canes aúllan y están los ratones
royendo las palmas.

Tenía el cordero sangre de leones
y se lo llevaron nuestros batallones...
¿Quién te salva ahora, país en conquista,
de tantos felinos y tantos leones
si queda en el suelo plegado y rendido el pendón del Bautista?
Guaraguao, que llenas de sombra los lindes del cielo,
desciende en tu velo
de hondas espirales
y el pendón levanta y en tu pico aferra,
que tú eres el único que cura nuestros males!

Aibonito

 

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