A LA CIUDAD DE PILAR

Entre dos corrientes de aguas legendarias
está mi ciudad con nombre de historia
guardando en un cofre de gratos recuerdos
hechos memorables cual jalón de gloria.

Pilar, mi ciudad de las tradiciones
tierra que atesora mundo de cultura,
en su seno un día el Mariscal de Acero
juró a la bandera por la cual murió.

Pilar es la tierra de la promisión
que alberga en su seno hijos de otras tierras
llegados un día siguiendo esperanzas
que son realidades en Ñe´embukú.

La ciudad de Melo que rinde tributo
a la venerada Virgen del Pilar,
ella le reserva para su futuro
el sueño que forjan los hijos del sur.

Letra: Miguel Angel Rodríguez
Música: Juan B. Mora


   



FLOR DE PILAR


Será preciosa como una rosa la guaireñita
Y la asuncena, blanca azucena parecerá
Más con la gracia llena de magia en su sonrisa
Siempre las vence la pilarense, mi resedá.
Luce y destella como una estrella la encarnacena
Joya que brilla desde la orilla del Paraná,
Es primorosa cual mariposa la concepcena
Pero más dulce gana y seduce la del Pilar.
Mi alma sueña, con la luqueña maravillosa
Y está en Pinasco el jazmín del Chaco mi adoración
Pero por siempre la pilarense más deliciosa
Tiene ganado sitio sagrado en mi corazón.
Es mi serena virgen morena la misionense
Y la trigueña Carapegüeña mburucuyá;
Pero el orgullo de mi terruño es la Pilarense
Con los claveles de los vergeles de mi Humaitá.
Caazapeña será la dueña de un raro hechizo
Nuestra lozana dalia serrana Paraguarí,
Pero parece a la pilarense que Dios la hizo
Para que fuera nuestra primera flor guaraní.
Y si engalana la villetana en su agreste huerto
Porque Natura le dio hermosura de amambay,
La pilarense cuando florece en su bello puerto
Es la hechicera de la ribera del Paraguay.

Letra: Carlos Miguel Jiménez
Música: Agustín Barboza

 

CANTO SECULAR

(Fragmento)

Eloy Fariña Núñez

¡Asunción, la muy noble y muy ilustre,
la ciudad comunera de las Indias,
madre de la segunda Buenos Aires
y cuna de la libertad de América!
Prolongación americana un tiempo
de las villas forales de Castillas,
en las que floreció la democracia
de que se enorgullece nuestro siglo.
En pleno absolutismo de Fernandos,
en tus calles librose la primera
batalla por la libertad; el grande
y trunco movimiento comunero
te tuvo por teatro; el verbo libre
de Mompo anticipó la voz vibrante
del cálido Moreno; el sol de Mayo
salió por Antequera.
¡Arrodillaos, opresores todos!
¡Compatriotas, entonad el himno!
Paulo majora canamus. Loado
el régimen social presente sea,
con sus simples costumbres coloniales
y con su patriarcal fisonomía;
mas no se cristalice eternamente
en los moldes actuales, y obedezca
a la ley del progreso indefinido,
y marche en armonía con el tiempo.
Como parte integrante del planeta,
como integrante atmósfera del siglo,
florezcan en el suelo comunero
los más altos ideales de la especie.
El territorio todo sea un vasto
laboratorio de invisibles vidas,
de valores mentales y sociales
de una futura humanidad más noble.
Resplandezca el espíritu latino
en los florecimientos de cultura.
Pase de mano en mano, inextinguible,
la simbólica antorcha de los griegos.
Reposen sobre bases siempre sólidas,
el bien, la honestidad, la fe, el decoro,
la amistad, la virtud, el sacrificio,
y la continuidad de la familia,
y la solemnidad del juramento,
y la moralidad de las acciones.
Los hombres sean buenos ciudadanos
y observadores fieles de las leyes;
los magistrados, rectos y celosos;
las mujeres, honestas y fecundas,
y los jóvenes, sobrios, fuertes, sanos
como lo fueron nuestros genitores.

Odas triunfales a los nobles jóvenes,
de quienes son las mágicas cosmópolis,
por quienes nacen todas las auroras
y a quienes abre el porvenir sus puertas,
por el derecho de conquista propio
de los cabalgadores del ensueño.
Por ellos se conserva el idealismo
que canta Ariel con su divino acento.
Por ellos se conserva el fuego sacro
que sostuvo al Hidalgo en sus combates.
Por ellos sigue floreciendo el huerto
Socrático, a despecho de Aristófanes.
Ellos son siempre los sonantes ámbitos
de las sagradas voces de la especie.
Y son siempre los ecos formidables
de todas las palabras del espíritu.
En sus ojos llamea la vislumbre
de las nobles verdades del futuro;
sobre sus almas sopla el viento lírico
de las grandes ideas de justicia,
y en sus manos abiertas se dibujan
las líneas del aplauso y la concordia.
Sacien en los dominios de la ciencia
el afán de saber que los consume,
y en la vasta república del arte,
la inquietud de belleza que los roe.
Sobre todas las cosas, sean nervios
acerados de acción viril y fuerte.
Discutan en las plazas y las aulas,
inicien movimientos populares,
enarbolen sus credos y banderas,
hagan suyas las causas generosas
marchen a la cabeza del conjunto,
vivan en el ambiente de su siglo,
luchen con noble ardor por el imperio
de las instituciones democráticas,
cultiven sus jardines de quimeras,
labren su voluntad como un florete,
dejándola indomable como un bloque,
hagan estatuarios ademanes,
muéstrense dignos de vivir la vida
que, siendo un don, no todos merecemos,
para que, al fin del ciclo de la lucha,
que marca el declinar de nuestras horas,
para sus canas suaves y serenas
la muerte sea un apacible tránsito.

Maldita sea la implacable guerra,
maldita la ambición que la provoca,
maldito el odio torvo que la enciende,
maldito el furor negro que la atiza.
Contra los que la muevan o propicien,
sea anatema eterno. Nunca vuelva
a ensangrentar el suelo donde duermen
inmortalmente nuestros padres todos
en un hacinamiento de peñascos
y una devastación de cataclismo.
Paz, como manda el nacional escudo,
a fin de que, a su sombra bienhechora,
resuenen las sirenas de las fábricas,
trabajen sin descanso los talleres,
manche la pura claridad del día
el humo de las negras chimeneas,
partan y lleguen en trajín pacífico
los vapores cargados de productos,
lleve el progreso hasta el confín remoto,
silbando, la febril locomotora
y florezcan las artes, las industrias,
las labores, los campos y las mieses.
Cesen las convulsiones intestinas
que malogran las savias nacionales,
dividen las familias y restringen
el crédito exterior de la República.
En contiendas legales sin violencia,
sosteniendo principios definidos,
disputen los partidos el gobierno
y pugnen con tesón los ciudadanos,
en los antiguos teatros de la guerra
levántense en contraste sugestivo
monumentos de paz y de concordia.
Corran ríos de líquida abundancia
en los cauces por donde circularon
corrientes de heroísmo tinto en sangre.
Visítense las ruinas de la iglesia
de Humaitá, la inmortal y grande villa,
en solemne y viril recogimiento,
y al mismo tiempo que la mente evoque
episodios de homérica grandeza,
condene la razón la guerra inicua,
y proclame la paz como el estado
superior de los hombres y los pueblos.

Bendita y respetada sea siempre
la libertad, el don más elevado,
después del don supremo de la vida.
Ella presida el movimiento todo
de la Nación en marcha hacia los altos
destinos que la historia nos reserva.
A su amparo la prensa exteriorice
la opinión popular, las intenciones
legítimas y sanas, los reclamos
de los pueblos, las urbes y las villas.
Y circule espontáneo el pensamiento
de los hombres de todas las creencias,
vibren las voces líricas y puras
y obren las voluntades entusiastas
la pena del puñal viril de Harmodio
contra el que intente cercenar el goce
de la sagrada libertad o quiera
resucitar el lóbrego pasado.
Sea execrada la memoria infame
de todos los tiranos y opresores,
y bendecida siempre la memoria
de los infortunados Comuneros.
Un bello monumento perpetúe
aquel soberbio y trágico episodio.
La joven democracia paraguaya
aspire a ser indefinida serie
de libertades que se mueva dentro
de otro núcleo serial de libertades.
Y a su sombra, tan grata cual la sombra
de un naranjal en flor, marche al futuro.

Eloy Fariña Núñez (1885-1929): Destacado poeta de gran empuje democrático, ya clásico en nuestras letras. Obra poética: Canto secular, Cármenes.

Bienvenido hermano extranjero

Bienvenido señor de otras tierras
yo quiero ofrendarle de mi Paraguay
la más dulce expresión de su historia
reliquia de gloria su hablar guaraní

Karaí roipota ko ore yvype
rejuhu mborayhu ha po´a
eso quiero decir en su idioma
mucha suerte, cariño y amor

Mandu´a katuete rerahata
hovy´asyva ore ygui avei
traducido le digo que lleve
mil recuerdos de Ypacarai

Bienvenido hermano extranjero
estas son las noches de mi Paraguay
serenata con arpa y guitarra
y una enredadera de luna y jazmín

Bienvenido señor de otras tierras
mi pueblo está lleno de cordialidad
un paisano al pasarle la mano
es un libro abierto de sinceridad

Letra y Música
Carlos Sosa



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