Himno del Chocó

Música y letra: Miguel Vicente Garrido


Tierra chocoana que al grito
de ¡Viva la Libertad¡,
para la historia has escrito
una página inmortal.

Carrasquilla y Mallarino,
Holguín, Conto y Jorge Isaacs,
son tus hijos más gloriosos,
intelectuales sin par.
Y en la gesta libertaria
Buch, Montalvo y muchos más,
eternizaron sus nombres
que la historia acoge ya.

Tus tres ríos seculares:
Atrato, San Juan, Baudó,
tus dos mares, tus canales,
por Napipí y Truandó,
abren rutas de progreso,
de esperanza y promisión,
y eres la tierra más rica,
de nuestra rica nación.

Oro tienes y platino,
Tierras fecundas y buenas,
selvas vírgenes que brindan,
flores, frutos y maderas.
Y una juventud anciosa
de temprana y clara luz
que enarbola entre sus manos
la pala, el libro y la cruz.



  

"El recuerdo que tengo de Quibdo – porque yo viví allí cuando era niño y apenas comenzaba a descubrir el mundo- es húmedo, lluvioso, poético, fluvial. La casa miraba hacia un parque, donde se agolpaban, en los días de sol, polvaredas y animales de oro que se movían con dificultad y respiraban penosamente. La casa estaba encaramada sobre zancos en la orilla del Atrato, como todas sus hermanas, y por los ventanales de atrás podía verse el río a toda hora, ancho y bello, y las canosas que se deslizaban sobre la corriente, cargadas de indios y racimos de plátanos, de negros que se volvían un poco azules entre el cielo y el agua, y de niños desnudos y ventrudos que se balanceaban en las cunas de las balsas y de cuya miseria yo no me daba cuenta entonces, a tal extremo que envidiaba sus reinos, sus pequeñas vidas consteladas de peces, temblorosas de cuerdas, errantes y casi milagrosas. Allí en Quibdó, empezó la poesía, empezó la selva, desde la otra orilla, a habitar mis ojos asombrados y a hechizarme con su misterio y sus densas preguntas silenciosas. Mas con el paso del tiempo y lejos ya de aquellas tierras, comprendí que aquel paraíso, a excepción de su belleza salvaje y sus crepúsculos de oro y azafrán, en realidad no era paraíso, porque estaba habitado por gentes olvidadas, porque allí faltaba el calor de la patria y porque los niños que viajaban por el río se perdían en la noche, como si de pronto se les pusiera grande el color de la piel, sobre la misma piel y se los tragara la oscuridad". (Columna “Zona Verde”, El Tiempo, 1966)

Carlos Castro Saavedra

El Negrito Contento

Alfonso Córdoba (El Brujo)

Yo soy un negrito contento
que a Dios le doy las gracias
por haberme dado como bendición
la dicha, de haber nacido en el Chocó
la tierra prodigiosa que bajo su manto
de selva y verdor
encierra, celoso el sueño esquivo
el oro y el platillo
mi tesoro nativo.

Ay, por eso y mucho más
es que grito contento yo
hacia los cuatro vientos
que linda es mi tierra
que feliz soy yo.

Chocó, Chocó, Chocó
si de ti yo estoy lejos
me embarga la nostalgia
porque tu recuerdo va dentro de mi
tus noches que adornan mil luceros
y la noche que en el cielo hace marco
a la luna de plata

Allá en la orilla del río
un rancho campesino
sencillo, humilde y bello
ay tan bello que estrellas y luceros
desde el azul del cielo
envían coquetones guiñitos de luz.

   

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