TESTAMENTO DE OTOÑO

El poeta entra a contar su condición y predilecciones/

Entre morir y no morir
me decidí por la guitarra
y en esta intensa profesión
mi corazón no tiene tregua,
porque donde menos me esperan
yo llegaré con mi equipaje
a cosechar el primer vino
en los sombreros del Otoño.

Entraré si cierran la puerta
y si me reciben me voy,
no soy de aquellos navegantes
que se extravían en el hielo:
yo me acomodo como el viento,
con las hojas más amarillas,
con los capítulos caídos
de los ojos de las estatuas
y si en alguna parte descanso
es en la propia nuez del fuego,
en lo que palpita y crepita
y luego viaja sin destino.

A lo largo de los renglones
habrás encontrado tu nombre,
lo siento muchísimo poco,
no se trataba de otra cosa
sino de muchísimas más,
porque eres y porque no eres
y esto le pasa a todo el mundo,
nadie se da cuenta de todo
y cuando se suman las cifras
todos éramos falsos ricos:
ahora somos nuevos pobres.

Habla de sus enemigos y les participa su herencia

He sido cortado en pedazos
por rencorosas alimañas
que parecían invencibles.
Yo me acostumbré en el mar
a comer pepinos de sombra,
extrañas variedades de ámbar
y a entrar en ciudades perdidas
con camiseta y armadura
de tal manera que te matan
y tú te mueres de la risa.

Dejo pues a los que me ladraron
mis pestañas de caminante,
mi predilección por la sal,
la dirección de mi sonrisa
para que todos lo lleven
con discreción si son capaces:
ya que no pudieron matarme
no puedo impedirles después
que no se vistan con mi ropa
que no aparezcan los domingos
con trocitos de mi cadáver,
certeramente disfrazados.
Si no dejé tranquilo a nadie
no me van a dejar tranquilo,
y se verá y eso no importa:
publicarán mis calcetines.

Se dirige a otros sectores

Dejé mis bienes terrenales
a mi Partido y a mi pueblo,
ahora se trata de otras cosas,
cosas tan oscuras y claras
que son sin embargo una sola.
Así sucede con las uvas,
y sus dos poderosos hijos,
el vino blanco, el vino rojo,
toda la vida es roja y blanca,
toda claridad es oscura,
y no todo es tierra y adobe,
hay en mi herencia sombra y sueños.

Contesta a algunos bien intencionados

Me preguntaron una vez
por qué escribía tan oscuro,
pueden preguntarlo a la noche,
al mineral, a las raíces.
Yo no supe qué contestar
hasta que luego y después
me agredieron dos desalmados
acusándome de sencillo:
que responda el agua que corre
y me fui corriendo y cantando.

Destina sus penas

A quién dejo tanta alegría
que pululó por mis venas
y este ser y no ser fecundo
que me dio la naturaleza?
He sido un largo río lleno
de piedras duras que sonaban
con sonidos claros de noche,
con cantos oscuros de día
y a quién puedo dejarle tanto,
tanto qué dejar y tan poco,
una alegría sin objeto,
un caballo solo en el mar,
un telar que tejía viento?

Dispone de sus regocijos

Mis tristezas se las destino
a los que me hicieron sufrir,
pero me olvidé cuáles fueron,
y no sé dónde las dejé,
si las ven en medio del bosque
son como las enredaderas
suben del suelo con sus hojas
y terminan donde terminas,
en tu cabeza o en el aire,
y para que no suban más
hay que cambiar de primavera.

Se pronuncia en contra del odio

Anduve acercándome al odio,
son serios sus escalofríos,
sus nociones vertiginosas.
El odio es un pez espada,
se mueve en el agua invisible
y entonces se le ve venir,
y tiene sagre en el cuchilo:
lo desarma la transparencia.

Entonces para qué odiar
a los que tanto nos odiaron?
Allí están debajo del agua
acechadores y acostados
preparando espada y alcuza,
telarañas y telaperros.
No se trata de critianismos,
no es oración ni sastrería,
sino que el odio perdió:
se le cayeron las escamas
en el mercado del veneno,
y mientras tanto sale el sol
y uno se pone a trabajar
y a comprar su pan y su vino.

Pero lo considera en su testamento

Al odio le dejaré
mis herraduras de caballo,
mi camiseta de navío,
mis zapatos de caminante,
mi corazón de carpintero,
todo lo que supe hacer
y lo que me ayudó a sufrir,
lo que tuve de duro y puro,
de indisoluble y emigrante,
para que se aprenda en el mundo
que los que tienen bosque y agua
pueden cortar y navegar,
pueden ir y pueden volver,
pueden padecer y amar,
pueden temer y trabajar,
pueden ser y pueden seguir,
pueden florecer y morir,
pueden ser sencillos y oscuros,
pueden no tener orejas,
pueden aguantar la desdicha,
pueden esperar una flor,
en fin, podemos existir,
aunque no acepten nuestras vidas
unos cuantos hijos de puta.

Finalmente se dirige con arrobamiento a su amada

Matilde Urrutia, aquí te dejo
lo que tuve y lo que no tuve,
lo que soy y lo que no soy.
Mi amor es un niño que llora:
no quiere salir de tus brazos,
yo te lo dejo para siempre:
eres para mí la más bella.

Eres para mí la más bella,
la más tatuada por el viento
como un arbolito del sur,
como un avellano en agosto.
Eres para mí suculenta
como una panadería,
es de tierra tu corazón,
pero tus manos son celestes.

Eres roja y eres picante,
eres blanca y eres salada
como escabeche de cebolla.
Eres un piano que ríe
con todas las notas del alma
y sobre mí cae la música
de tus pestañas y tu pelo.
Me baño en tu sombra de oro
y me deleitan tus orejas
como si las hubiera visto
en las mareas de coral:
por tus uñas luché en las olas
contra pescados pavorosos.

De Sur a Sur se abren tus ojos
y de Este a Oeste tu sonrisa,
no se te pueden ver los pies
y el sol se entretiene estrellando
el amanecer en tu pelo.
Tu cuerpo y tu rostro llegaron,
como yo, de regiones duras,
de ceremonias lluviosas,
de antiguas tierras y martirios,
sigue cantando el Bío-Bío
en nuestra arcilla ensangrentada,
pero tú trajiste del bosque
todos los secretos perfumes
y esa manera de lucir
un perfil de flecha perdida,
una medalla de guerrero.
Tú fuiste mi vencedora
por el amor y por la tierra,
porque tu boca me traía
antepasados manantiales,
citas en bosques de otra edad,
oscuros tambores mojados:
de pronto oí que me llamaban,
era de lejos y de cuando
me acerqué al antiguo follaje
y besé mi sangre en tu boca,
corazón mío, mi araucana.

Qué puedo dejarte si tienes,
Matilde Urrutia, en tu contacto
ese aroma de hojas quemadas,
esa fragancia de frutillas
y entre tus dos pechos marinos
el crepúsculo de Cauquenes
y el olor de peumo de Chile?

Es el alto otoño del mar
lleno de niebla y cavidades,
la tierra se extiende y respira,
se le caen al mes las hojas.
Y tú inclinada en mi trabajo
con tu pasión y tu paciencia
deletreando las patas verdes,
las telarañas, los insectos
de mi mortal caligrafía.
Oh leona de pies pequeñitos,
qué haría sin tus manos breves,
dónde andaría caminando
sin corazón y sin objeto,
en qué lejanos autobuses,
enfermo de fuego o de nieve?

Te debo el otoño marino
con la humedad de las raíces
y la niebla como una uva
y el sol silvestre y elegante:
te debo este cajón callado
en que se pierden los dolores
y sólo suben a la frente
las corolas de la alegría.
Todo te lo debo a ti,
tórtola desencadenada,
mi codorniza copetona,
mi jilguero de las montañas,
mi campesina de Coihueco.
Alguna vez si ya no somos,
si ya no vamos ni venimos
bajo siete capas de polvo
y los pies secos de la muerte,
estaremos juntos, amor ,
extrañamente confundidos.
Nuestras espinas diferentes,
nuestros ojos maleducados,
nuestros pies que no se encontraban
y nuestros besos indelebles,
todo estará por fin reunido,
pero de qué nos servirá
la unidad de un cementerio?

Que no nos separe la vida
y se vaya al diablo la muerte!

Pablo Neruda

Poema 03...

Ah vastedad de pinos, rumor de olas quebrándose...

Ah vastedad de pinos, rumor de olas quebrándose,
lento juego de luces, campana solitaria,
crepúsculo cayendo en tus ojos, muñeca,
caracola terrestre, en ti la tierra canta!

En ti los ríos cantan y mi alma en ellos huye
como tú lo desees y hacia donde tú quieras.
Márcame mi camino en tu arco de esperanza
y soltaré en delirio mi bandada de flechas.

En torno a mí estoy viendo tu cintura de niebla
y tu silencio acosa mis horas perseguidas,
y eres tú con tus brazos de piedra transparente
donde mis besos anclan y mi húmeda ansia anida.

Ah tu voz misteriosa que el amor tiñe y dobla
en el atardecer resonante y muriendo!
Así en horas profundas sobre los campos
he visto doblarse las espigas en la boca del viento.

Pablo Neruda

Parral (Maule) 1903 - Sgo.de Chile 1973

 

EGLOGA DEL CAMINO

Mi viejo camino,
un poco quiero conversar contigo
y ante las sombras que evoco
hablarte como a un amigo.

Hace tanto tiempo, tanto,
que conozco tus orillas;
en tus yerbas amarillas
cayó alguna vez mi llanto.

¡Hace tanto tiempo, tanto,
que conozco tus orillas!
Hace tanto tiempo que,
camino, no te veía;

Acaso sea alegría esto
que siento, no sé.

Acaso sea alegría
lo que hay en mi corazón;

Se parece a una canción
llena de melancolía

Acaso sea alegría
lo que hay en mi corazón!

Nunca tuvo para mí
ningún camino tu encanto
sé de la sangre y el llanto
que han vertido sobre ti.

¡Nunca tuvo para mí
ningún camino tu encanto!

Tras de andar y andar
me pierdo mirando tus lontananzas
y un perfume de añoranzas
surge de cada recuerdo.

Miro tus huellas
y leo en ellas una leyenda
los poemas de la senda
que no adivina el deseo.

Y mañana, cuando ya esté
yo lejos mañana
cuando suene la campana de mi aldea,
¿quién sabrá?

¿Alguien me recordará?
¿Me habrán visto las estrellas?

 

Jorge González Bastías

Nirivilo (Maule) (1879 -1950)

 

El POEMA DE LAS TIERRAS POBRES

1
Sutil y extrañamente
Tengo el ánimo herido,
Como si los dolores de otros hombres
En mí se hubieran recogido.
La montaña que baja
A bañarse en el río
Muestra un cansancio tan humano,
Que pone en el espíritu
un estremecimiento…

Un estremecimiento
que solamente es el recuerdo vivo
de las viejas leyendas de la sierra
de los cantos del río
de una paz, hoy extinta en los senderos,
de una miseria nueva que ha venido.

Un estremecimiento,
Dolor de otros espíritus,
Que flota en la montaña
Y anda por los caminos…
No tiene voz,
Y se oye
En los breñales su alarido.

2
Y es un grito profundo
Que se extiende a lo lejos,
Que se oculta en las piedras
Y tiembla en los esteros.

Una miseria nueva
Prendió en las hondonadas y en los cerros,
Arrasó los sembrados,
Y en los rebaños y en los huertos.

El pobre se hizo miserable,
El miserable, bandolero!

Hay espanto en los ojos
De los niños labriegos
Que oyen a media noche
Clamores homicidas en el viento.

Hay espanto en los ojos de las madres
Que ya no arrullan con su canto el sueño
Del hijo, atormentadas
Por la vida sin término.

Hay espanto en los árboles
Que ya no sienten el afecto
de aquellas manos buenas que les deban
el agua en cántaros morenos.

3
-Señor! En este campo
Mío yo trabajaba.
Tenía veinte ovejas que eran mías,
Y alegre paz en esta casa.

Mira, señor, lo que hay ahora!
No queda nada, nada;
Ni fuerzas en mis brazos torpes,
Incapaces de una venganza.

No sabe de piedad el hombre
Que con su lenta infamia
Secó la tierra. Torva pesadilla
Me parece la vida. No hay palabras
Que digan esta obscura
Miseria derramada.

Mira la pobre casa en ruinas.
Mira la esposa antes amada.
Mira los hijos engendrados
Por el amor en sus entrañas,
Andrajos en que no se puede
Formar una conciencia humana!

4
La queja sube al cielo
en el vaho doliente de la tierra,
En el aroma tenue de las flores,
En las tristes pupilas que se ausentan…

Ah, las tristes pupilas
que ni lloran ni ruegan,
que miran fijamente el alto círculo
lejano de los pájaros de presa!

Ellas vieron la santa
Paz del hogar. Recuerdan
El huerto en flor, la fruta sazonada,
El blancor puro de la oveja,
La leche pura, aún no cuajada…

Y la miseria, la miseria nueva…

Y la tierra es la misma
Bajo el temblor unánime
Del sol y las estrellas.
La tarde viene henchida de fragancias
Marinas y la tarde aún es bella.

Sólo que esa hermosura
A la casa no entra,
Porque sin alegría
No hay corazones que la sientan.

5
Pasa el viento, pasa.
Lleva los rumores
Del árbol y el pájaro…

Nuestra tierra pobre
No ofrece alegría
Para unas canciones.
Sólo ofrece un brillo
De agresivos cobres
Tal empuñadura
De un puñal deforme.

Pasa el viento, pasan
Pájaros y flores.

-Ochenta y cuatro años
Viví en estos bosques,
Y no ha sido el tiempo
Lo que tiene torpes
Mis brazos…mis brazos,
Sierpes de los robles!

Negro, negro día.
El rostro de bronce
Del juez me seguía.
Día como noche.

Tanto crimen, tantas
Mezquinas pasiones;
Tanta, tanta pena
Sin que nadie llore!

En un calabozo
Húmedo tendióme
De modo que siempre
Estuviera inmóvil.

Sufría en la tierra
Mik costado inmóvil
Más que por los hierros
Por estar inmóvil.
Se llagó mi carne
Inmóvil, inmóvil…
Perdí la conciencia
Y fui sombra inmóvil…

Pasa el viento, pasan
Pájaros y flores.

González Bastías, Jorge,

1879-1950

TESTAMENTO

Si ves a la mujer más hermosa de la Tierra
y te pregunta por mí y ya esté muerto
dile que me alejé a las montañas
y allá vivo en el canto de los pájaros.

Si la mujer mas hermosa de la Tierra
te pregunta por un poeta
no dudes
dile que en cada pez sigo nadando en el río.

Si la mujer insiste
dile que estoy durmiendo
bajo un boldo tendido sobre la hierba
y que en toda piedra se refleja mi alma.

Si la mujer no calla y aún te pregunta
por un simple hombre con mucha paciencia
dile que, seguramente
está esperando el tren tomando vino.

Si aquella mujer, entonces
se retira en silencio
ha llegado la hora de mencionar su nombre:
Poesía.

Bernardo González Koppman

Talca (1957)

Himno de Constitución
Letra: Pedro Núñez Navarrete

Coro
Constitución, Constitución,
ciudad dormida junto al bello mar,
Constitución, Constitución,
te arrulla el Maule con dulce cantar,
Constitución, Constitución,
un par de siglos ufana cuentas ya
tu eres gentil, tu eres ideal
tus hijos todos, te aman con afán.

I
Junto a las playas mas bellas de la tierra
naciste altiva un día muy feliz
a tu regazo bajó desde la sierra
el río Maule sumiso a sucumbir
Soberbias cumbres te sirven de atalayas
son tu baluarte el Cerro Alto y el Mutrún
y cual diadema que adornará tus playas
vetustas rocas que forman un capuz

II
Tus astilleros son fuente de progreso
son como el himno al trabajo y la verdad
tus recios hijos trabajan con empeño
por darte gloria, riqueza y salud.
Lanchas del Maule
que salen cual gaviotas
sin importarles de la mar el furor
y van en busca de regiones ignotas
símbolo son del maulino luchador.

III
Eres cual joya engarzada en la ribera
el mar te besa en eterno bullir
tu esparces vida y dicha por doquiera
das paz al alma cansada de sufrir
Son tus rincones de insólita hermosura
teatro sublime del arte y del amor
quiso obsequiarte la pródiga natura
con mil paisajes de luz y de color.

YO QUIERO QUE ME ENTIERREN EN LINARES

Y no en la capital
donde imperan los ruidos y el "smog",
en mi tierra el cielo es más azul, el aire puro,
aqui ronda el aliento protector
de los viejos parientes
que emigraron en la penumbra de los tiempos.


Y quiero que me recen una misa
en el Convento de los Padres Salesianos
allá donde nace la ciudad
y el sol, por vez primera,
se asoma por los huertos orientales.


Y tocará el mismo viejo armonio
de cuando yo era niño
la canción de difuntos
con esas notas graves tan profundas
que no se han oído jamás en este mundo.


Un fraile negro rezará en la ceremonia
y cuatro amigos de la infancia
con media docena de parientes pobres
acudirán a misa con el corazón
profundamente dolido.


Yo dormiré tranquilo
tras el cómodo ataúd,
mi boca esbozará una sonrisa,
rogando a Dios, humildemente,
por la alegría de mis hermanos vivos.

Edilberto Domarchi Villagra

Linares (1924 -2000)

 

 

SEÑORES DEL SUR

Señores del sur
he comprometido mis raíces con ustedes
mi palabra llegará como un río
a recoger la tierra y su origen
Llámenme agricultor
cuando el trigo se despierte
cuando cruja la semilla
y el invierno se levante en una mano
Llámenme soldado
cuando el agua y la piedra se reúnan
entonces seré el puñal
que desgarre ceniza y envoltura
No digan al Maule como me llamo
me reconocerá por la voz
por los susurros que mis labios
llevarán hasta su lecho
No digan nada en Constitución
o en Pelluhue o en Chanco o en Curanipe
mi nombre fue encontrado en una ola
no es necesario que digan nada
Señores del sur
mi casa es mi mejor emblema
Pueden ver a través de las ventanas
o a través de mis ojos
lo que les tengo preparado
Abriré de una en una mis heridas
y escupiré poemas en vez de sangre
y a todos les diré mi nombre
Porque no quiero ver a Pedro
arrinconado en un museo
o a Manuel Francisco
retenido en una boca
Ellos sabían cantar
eran dos vientos de distinto oficio
dos gotas que el Maule
sacudió con violencia
Y yo ¿quién soy?
algo tengo de todos
cara de pan o de hormiga
muslos comprometidos
con el sabor de la tierra
hombros de padre
dientes de inquilino o de patrón
Soy una flor con espinas
y pétalos de mármol
un poema preparado
con la lluvia de cada día.

Mario Meléndez

Linares (1971)

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