VALDIVIA (1544)

PERO volvieron.
(Pedro se llamaba.)
Valdivia, el capitán intruso,
cortó mi tierra con la espada
entre ladrones: “Esto es tuyo,
esto es tuyo, Valdés, Montero,
esto es tuyo, Inés, este sitio
es el cabildo”.
Dividieron mi patria
como si fuera un asno muerto.
“Llévate
este trozo de luna y arboleda,
devórate este río con crepúsculo”,
mientras la gran cordillera
elevaba bronce y blancura.

Asomó Arauco. Adobes, torres,
calles, el silencioso
dueño de casa levantó sonriendo.
Trabajó con las manos empapadas
la greda y vertió el agua andina:
pero no pudo ser esclavo.
Entonces Valdivia, el verdugo,
atacó a fuego y a muerte.
Así empezó la sangre,
la sangre de tres siglos, la sangre océano,
la sangre atmósfera que cubrió mi tierra
y el tiempo inmenso, como ninguna guerra.
Salió el buitre iracundo
de la armadura enlutada
y mordió al promauca, rompió
el pacto escrito en el silencio
de Huelén, en el aire andino.
Arauco comenzó a hervir su plato
de sangre y piedras.
Siete príncipes
vinieron a parlamentar.
Fueron encerrados.
Frente a los ojos de la Araucanía,
cortaron las cabezas cacicales.
Se daban ánimo los verdugos. Toda
empapada de vísceras, aullando,
Inés de Suárez, la soldadera,
sujetaba los cuellos imperiales
con sus rodillas de infernal harpía.
Y las tiró sobre la empalizada,
bañándose de sangre noble,
cubriéndose de barro escarlata.
Así creyeron dominar Arauco.
Pero aquí la unidad sombría
de árbol y piedra, lanza y rostro,
transmitió el crimen en el viento.

Lo supo el árbol fronterizo,
el pescador, el rey, el mago,
lo supo el labrador antártico,
lo supieron las aguas madres
del Bío Bío.
Así nació la guerra patria.
Valdivia entró la lanza goteante
en las entrañas pedregosas
de Arauco, hundió la mano
en el latido, apretó los dedos
sobre el corazón araucano,
derramó las venas silvestres
de los labriegos,
exterminó
el amanecer pastoril,
mandó martirio
al reino del bosque, incendió
la casa del dueño del bosque,
cortó las manos del cacique,
devolvió a los prisioneros
con narices y orejas cortadas,
empaló al Toqui, asesinó
a la muchacha guerrillera
y con su guante ensangrentado
marcó las piedras de la patria,
dejándola llena de muertos,
y soledad y cicatrices.

Pablo Neruda

 

VALDIVIA.

Letra y Música: Tito Fernández.

Valdivia, amigo mío,
debe ser una de las cinco ciudades
más hermosas de Chile.
está construida a las orillas del río Calle
Calle, ese mismo donde la luna se baña...pilucha.
La calle principal de Valdivia
se llama Ramón Picarte
y es una calle larga, larga, larga,
que se pierde camino a Osorno.
Le cantamos a Valdivia, con amor.

(Canto)
Los Valdivianos tienen ¡caramba!
y un bello río (bis)
por donde navegando ¡caramba!
va el amor mío (bis)

Los Valdivianos tienen ¡caramba!
una costanera (bis)
en donde cada tarde
¡caramba! y ella me espera (bis)

"Catay velo" dijo un chilote
cuando pasó por Valdivia
si esta tierra se parece ¡caramba!
a la tierra mía
y hacía dos "saluces" por la mañana
con un trago de rica chicha'e manzana.
de Corral y de Niebla llegan los botes,
tempranito, igualito que los chilotes
y en los botes los viejos,
con una enagua amarran
a las niñas y "el quiltro al agua."

(Canto)
Los Valdivianos tienen ¡caramba!
una calle larga (bis) que se da vueltas
¡caramba! baila que baila (bis)

Yo pasé por Picarte, ¡caramba!
pasé bien "juerte" (bis)
no me picaron nada ¡caramba!
qué güena suerte (bis)

(Hablado)
Donde el "guata amarilla"
pedí un asao me jugué una rayuela,
salí "curao" salí curao,
mi alma, choros maltones
nos "juimos" de Valdivia
¡caramba! "toos" guatones.
"toos" guatones mi alma, ¡caramba!
me "juí" contento
porque los Valdivianos¡caramba!
valen doscientos.
doscientos pesos de oro
ni me doy cuenta
pago por una vieja "gamba cuarenta."

(Canto)
Los Valdivianos tienen ¡caramba!
diluvio claro,
(bis) cuando llega el invierno
¡caramba! por esos lados (bis)

Los Valdivianos tienen ¡caramba!
los ojos verdes (bis)
y el reflejo del agua ¡caramba!
y en sus mujeres (bis)

(Hablado)
Brindo, dijo un Valdiviano,
si me resfrío
me como dos limones,
chicha con tilo,
chicha con tilo,
mi alma, con aguardiente
no hay resfrío que valga,
vino caliente.
vino caliente, mi alma,
'toy "entumío"
cuando llega el verano,
me meto al río.
me meto al río, mi alma,
por decir algo me mojo las verijas,
después me salgo.

(Canto)
Para ser Valdiviano ¡caramba!
hay que prepararse (bis)
hay que nacer con gorro ¡caramba!
p'a no mojarse (bis)

Yo pasé, por Valdivia ¡caramba!
de siete a nueve (bis)
me mojé como diuca ¡caramba!
p'tas que llueve (bis)

Soñando con un pebre ¡caramba!
con sopaipillas (bis)
me embarco, muy alegre ¡caramba!
para Valdivia (bis).


NOTAS PARA EL REENCUENTRO

I

El despunte de tu rostro en la ventana
(una quebrada de Valparaíso al fondo)
es un gesto de romanticismo,
aquí en Valdivia o en cualquier parte.
El aire es uno solo entre las dos ciudades
y tu barba oxidada,
el viento marino quizás,
es la más bella poda de otoño a la que haya asistido.

II

Como tarde de domingo
entre café y los libros de siempre
un viento que trae pastosas canciones
(un viento literario, por cierto) lo desordena todo.
La vieja memoria confunde
tus recuerdos y los míos; un poco de nostalgia,
el cóctel perfecto.

III

La plaza es una fotografía
(la intervención de lo real)
el desembarco en la ciudad-puerto de los encuentros
mi hombre-muelle en quien llevar a cabo
la puesta en escena de esas metáforas
que imagino en mis viajes (imaginarios también),
algunas figuras de una retórica manoseada
(como las bancas del muelle)
que ensayo en mis sueños hasta el cansancio
la ansiedad de atracar en ti
fondear, primero, tu desánimo
y allí
en el centro,
otra vez,
recrear en la materialidad del abrazo
el lugar del poema.

de "Las estaciones aéreas" (Valdivia, Barba de Palo, 1999)

Antonia Torres

Valdivia (1975)

 

 

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