Canto al Chubut

  Cammy Jones (Trevelin)

 

Tus mesetas vibrantes de fiereza,

de pujanza, piedad y mansedumbre,

involucran tu estructura de belleza

en ajado historial de tus costumbres.

Y aprisionan entre cerros en que reza

la heroica remembranza de los hombres

que inspirados en líricas proezas

alejaron la tristeza de tus cumbres.

Con sonetos que atestiguan la entereza

de tu existencia pertinaz y multiforme

que se transforma cuando besa la tibieza

de tus playas misteriosas y salobres.

Nostalgiosa por tus tristes lengas viejas

que avasalla el Leufú inconmensurable

y que anegan con lágrimas de cobre

los secretos de tus bosques entrañables.

Sacrificas por la era que progresa

abriendo brecha en tus pampas inmutables

la virginidad de tu hidalguía enhiesta

de tu seno que acrisola soledades.

Y así, cedes a tus hijos la riqueza

de tus sueños con sabor a realidades,

enmarcados en un cielo de grandeza

de un terruño que no sabe de maldades.

Yo te canto Chubut, con la simpleza

que requieren tus cosas perpetuables.

Yo te canto Chubut, porque eres gesta

de una gran generación inolvidable...

 

     

 

Quiero gritar mi nombre

Griselda Jones de Redondo

Aunque el viento acaricie

mi rostro cada mañana

y mi cuerpo se estremezca

bajo soles y nevadas,

siento que un látigo cruel

me va quitando la calma,

me va robando la esencia,

la identidad, la palabra.

Mas...no cederán mis pies,

de acero han  hecho mis ramas;

el corazón de mi patria

está conmigo, aquí canta

en mis ríos de oro negro,

en mis represas, mis bardas,

en el color de mis valles,

de mis nieves, en mis alas.

Tengo la cara curtida,

pero más curtida el habla.

Estoy anclada en mi cruz,

soy soñadora y tan mansa

como el rebaño que besa

los campos de mi comarca,

como mis lagos azules

que son espejos del alma.

Llevo el galope fundido

del indio sobre mi espalda

y el coraje de mis gauchos

ornamenta mis montañas.

Traigo colgado en el tiempo

el gemir de mi guitarra.

Soy argentina, señores,

y extranjera de mi raza.

Es mi nombre "Patagonia",

vivo al sur de la esperanza

 

 

 

 

 

DOS SONETOS PARA EL RÍO CHUBUT

por Virgilio Zampini
 


I


Hubo una vez -quién puede decir cuándo-
un nombrador tehuelche en tus orillas;
los siglos le narraron las sencillas
maneras que uno tiene de ir nombrando.



Con los ojos del pájaro buscando
el territorio de las maravillas,
no sin asombro, el indio, de rodillas,
bebió tus aguas y te fue llamando.


La soledad, el viento, la meseta,
se volvieron palabra por tu cauce
¿quién puede decir cuándo? Pero el sauce


sintió de pronto que era una silueta
espejada, con risas, en tu frío,
supo tu nombre, para siempre, río.



II


Y otros hombres vinieron al misterio
de tu sinuoso trazo. Fue el hispano
conquistador que edificó el imperio

de los Césares con su sueño vano.


(¿Para qué permitir que naufragara
el afán de los oros y las glorias
de aquel monarca que se imaginara
escribir, a tu vera, otras historias?)



Y fue el galés, cantor de libertades,
que dio su espalda, firme, a los retornos,
para plantar, de frente, tus ciudades.


Así hubo paz en todos tus contornos.
¿La espada?... Fatigado desvarío.
Hay mujeres y versos. Y hay un río.

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